Puños de campeón, un sueño entre las cuerdas y el ring

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Jorge Serratos.

Para el campeón de box estatal, regional y nacional en peso super mosca, Miguel Ángel Rodriguez Vivanco lo importante no es entrenar en un gimnasio de lujo, “es comprometerse y ser disciplinado todos los días”.

Recuerda que de niño, los fines de semana por la noche veía las peleas de box en la televisión junto a su padre sentados en un sillón, y así nació el sueño de cargar el cinturón de campeón mundial, con sus brazos en alto arriba de un ring.

Hoy con treinta y un años no pierde la esperanza de lograr su sueño. A los 17 años conoció a Martín Espinosa Sanchez, un entrenador xalapeño que ha logrado consolidar a algunos boxeadores a nivel nacional y quien en la actualidad guía su carrera, la amistad y la pasión por este deporte los motiva a sacar a jóvenes de la delincuencia y de las drogas.

Para Migel, la acción empieza todas las noches a las 07:30 en el gimnasio “Campeones Xalapeños, KNOCKOUT”, ubicado en la ex fábrica de San Bruno desde hace un par de años; ahí junto a una decena de jóvenes se ejercita entre muros grafiteados que enmarcan el atractivo visual para los que visitan este sitio.

Este lugar tiene una gran historia, la cual data del año 1840 cuando se fundó la fábrica textil “San Bruno” y en donde años después fueron asesinados 12 obreros que luchaban por mejoras laborales.

De sus muros desgastados, derruidos y sin techo, Miguel y su entrenador Martín han instalado una estructura metálica para colocar sus sacos de box, pero también tiene el propósito de colocar un techo de lámina para no entrenar a la intemperie.

Con esfuerzos económicos van mejorando el lugar debido a que no cuentan con apoyos de ninguna dependencia ni empresarios, sin embargo no pierden la ilusión de mejorar el lugar para beneficio de la comunidad.

Martín Espinosa quien inicio su carrera como boxeador en 1968, comenta que es importante rescatar a los jóvenes de los vicios y de la delincuencia con el deporte.
Al gimnasio han llegado jóvenes con diferentes problemas de adicciones, desde el alcohol hasta todo tipo de drogas.

«Cuando llegan lo primero que les digo es que para entrenar aquí tienen que dejar cualquier tipo de vico que tengan, o no les puedo permitir entrenar con nosotros».

Miguel continua con su entrenamiento subiendo al ring después de hacer ejercicios de sombra y golpear el costal por algunos minutos frente a un mural que da vida con sus colores a pesar de la poca luz. Ya en el ring que se encuentra en el interior de una habitación que formó parte de la fábrica, resalta el rostro de Miguel empapado por el sudor, producto del esfuerzo que ha realizado durante esta noche en su jornada de entrenamiento.

Al preguntarle si vale la pena tanto sacrifico menciona, “es bueno soñar, pero es mucho mejor soñar despierto”.

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